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Migraña

marzo 6, 2022 by Busta Soft
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Migraña

Es un tipo de dolor de cabeza que puede ocurrir con síntomas como náuseas, vómitos o sensibilidad a la luz y al sonido. En muchas personas, se siente un dolor pulsátil únicamente en un lado de la cabeza.

Tipos

Cefalea de racimo: es más frecuente en mujeres. Se trata de un dolor en uno de los lados de la cabeza que se extiende hasta llegar al ojo. Puede durar unos 15 minutos y, a menudo, ocurre por la noche.

Migrañas o jaquecas: constituye un conjunto de síntomas entre los que se encuentran, además del dolor de cabeza, vómitos, náuseas, sensibilidad a la luz y al ruido. Las migrañas son trastornos que tienen base hereditaria. El dolor suele localizarse en una parte de la cabeza o en toda. Tiene un carácter pulsátil y se acompaña de un malestar generalizado. Este dolor empeora, normalmente, con la actividad física y mejora con el reposo. Afecta a 17 de cada 100 mujeres y a un 5% de los hombres.

 

Migrañas con aura: La migraña con aura afecta a entre un 15% y un 30% de las personas que padecen esta patología y se distingue del resto de tipos de migraña por la aparición de síntomas que pueden afectar a la vista o el tacto, e incluso, a la capacidad de hablar. Como señala Sonia Santos, Neuróloga y coordinadora del Grupo de Estudio de Cefaleas de la Sociedad Española de Neurología, “en la migraña con aura, la diferencia fundamental respecto a los pacientes que no la tienen, es la presencia de una focalidad neurológica y transitoria, que se produce habitualmente antes del dolor de cabeza. Los síntomas se instauran de forma progresiva en más de 5 minutos y se mantienen una hora, aunque habitualmente duran 20-30 minutos”.

 

Causas de la migraña

Los ataques de migraña también pueden desencadenarse por cualquiera de las siguientes razones:

  1. Abstinencia de cafeína
  2. Cambios en los niveles hormonales durante el ciclo menstrual de las mujeres o con el uso de píldoras anticonceptivas
  3. Cambios en los patrones del sueño, como no dormir lo suficiente
  4. Tomar alcohol
  5. Ejercicio u otro estrés físico
  6. Ruidos fuertes o luces brillantes
  7. Pasar por alto comidas
  8. Olores y perfumes
  9. Fumar o exposición al humo
  10. Estrés y ansiedad

 

Signos y síntomas

A menudo, un pródromo (una sensación de que una migraña está comenzando) anuncia los ataques. El pródromo puede consistir en cambios en el estado de ánimo, dolor cervical, antojos alimentarios, pérdida del apetito, náuseas o una combinación de los anteriores.

Un aura precede a los ataques en un 25% de los pacientes. Las auras son alteraciones neurológicas transitorias que pueden afectar la sensibilidad, el equilibrio, la coordinación muscular, la palabra o la visión; duran minutos a una hora. El aura puede persistir después del inicio de la cefalea. Lo más frecuente es que el aura conlleve síntomas visuales (espectros de fortificación, como destellos binoculares, arcos de luces centelleantes, relámpagos brillantes, escotomas). Las parestesias y el entumecimiento (que habitualmente comienza en una mano y asciende por el brazo homolateral y la cara), los trastornos de la palabra y la disfunción transitoria del tronco encefálico (que produce, por ejemplo, ataxia, confusión o incluso obnubilación) son menos frecuentes que las auras visuales. Algunos pacientes tienen un aura con poca cefalea o ninguna.

La cefalea varía de moderada a intensa, y los ataques duran desde 4 h hasta varios días y habitualmente se resuelven con el sueño. El dolor a menudo es unilateral pero puede ser bilateral, principalmente en la distribución frontotemporal, y en general se describe como pulsátil o palpitante.

 

Tratamiento

Aunque no existe cura específica para la migraña, este tipo de dolor de cabeza sí se puede tratar y controlar, por lo que el enfermo no debe dudar en recurrir al profesional sanitario. En general, el tratamiento puede estar dirigido tanto a mitigar los síntomas del ataque de migraña como a prevenir las crisis o los factores desencadenantes.

  1. Tratamiento de la crisis. Debe iniciarse cuando se perciba el aura o el comienzo del dolor, ya que el tratamiento precoz del episodio es primordial para poder pararlo. Incluye:

Alejarse o eliminar los estímulos que provocan la crisis o que son molestos, como la luz, el ruido o el movimiento.

Eliminar el dolor con medicamentos como la aspirina (ácido acetilsalicílico), el nolotil (metamizol) o los antiinflamatorios no esterioideos (AINE’s) como el ibuprofeno, el naproxeno o el ketoprofeno. Se suelen tomar por vía oral o, en caso de vómitos, existe presentación en supositorio. En cualquier caso, la toma de este tipo de medicamentos deberá estar indicada por el médico.

No obstante, las crisis generalmente sólo ceden con medicación específica. Si el dolor de cabeza no cede con los anteriores fármacos, se pueden usar otros específicos para la migraña como los triptanes (sumatriptan, zolmitriptan…) o la ergotamina, también bajo prescripción. Hay que tener en cuenta que cada crisis y cada paciente son diferentes, y por lo tanto, pueden requerir tratamientos distintos. Así mismo, el tratamiento también puede variar según las enfermedades base de cada paciente, de sus síntomas asociados y de sus experiencias previas.

Estos tratamientos suelen resultar muy efectivos, y cuando fracasan suele ser, bien porque se ha tomado un fármaco de eficacia insuficiente, o bien por la elección de una vía de administración inadecuada (por ejemplo, oral en pacientes con vómitos). Así pues, la correcta indicación y toma de la medicación resulta fundamental en el manejo de las crisis.

  1. Tratamiento de otros síntomas acompañantes. Además, si se asocian síntomas digestivos, es necesario administrar precozmente un tratamiento para ello (antieméticos, procineticos,etc.). Por ejemplo, existen medicamentos para tratar las náuseas y los vómitos, como la metoclopramida (Primperan).
  2. Tratamiento preventivo. Para evitar el abuso de medicación durante las crisis, se suele recurrir al tratamiento preventivo si el paciente sufre migrañas durante 10 días o más al mes. Su objetivo es prevenir las crisis en aquellas personas con ataques habituales o de larga duración y que causen incapacidad para desarrollar las actividades habituales, reduciendo su frecuencia a la mitad.

 

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