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Herpes zóster

agosto 21, 2025 by Busta Soft
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Herpes zóster

El herpes zóster, también conocido como culebrilla, es una infección viral causada por la reactivación del virus varicela-zóster (VVZ). Este virus es el mismo que provoca la varicela en la infancia, pero después de superar la infección inicial, el virus queda en estado latente en los ganglios nerviosos cercanos a la médula espinal. Años después, puede reactivarse y causar el herpes zóster. Esta enfermedad se caracteriza por la aparición de una erupción cutánea dolorosa que generalmente afecta un solo lado del cuerpo, siguiendo la distribución de un nervio sensitivo. El herpes zóster afecta principalmente a adultos mayores y personas con el sistema inmunológico debilitado, si bien puede presentarse en cualquier edad.

Síntomas

Los síntomas iniciales suelen incluir dolor, ardor o sensación punzante en la zona donde posteriormente aparecerá la erupción, incluso antes de que ésta sea visible. Luego aparece un rash con pequeñas ampollas llenas de líquido, agrupadas y limitadas a un dermatoma específico (área de piel inervada por un nervio sensitivo). Este rash puede estar acompañado de fiebre, malestar general, cefalea y sensibilidad al tacto. El dolor puede ser muy intenso y persistir incluso después de que las lesiones cutáneas desaparezcan, condición conocida como neuralgia posherpética. En algunos casos, la inflamación nerviosa puede causar alteraciones sensoriales o motoras en el área afectada.

Causas

El herpes zóster es causado por la reactivación del virus varicela-zóster, que permanece latente en los ganglios nerviosos después de una infección primaria previa de varicela. El virus se reactiva debido a un descenso en la inmunidad celular, que puede deberse a la edad avanzada, estrés, enfermedades como el VIH o tratamientos inmunosupresores. Cuando se reactiva, el virus viaja a lo largo del nervio afectado hacia la piel, provocando inflamación, daño nervioso y la característica erupción. El herpes zóster no es una reinfección, sino una reactivación del mismo virus latente en el organismo.

Tipos

Existen varias formas clínicas de herpes zóster:

Herpes zóster cutáneo típico: es el más común, con rash localizado en un dermatoma unilateral.

Herpes zóster oftálmico: afecta los nervios que inervan el ojo, generando lesiones en la cara, riesgo de úlceras corneales y pérdida visual.

Herpes zóster diseminado: ocurre en pacientes inmunocomprometidos, con afectación extensa múltiple de la piel y órganos internos.

Herpes zóster sine herpete: presenta dolor nervioso sin erupción visible.

Neuralgia posherpética: dolor persistente en el área de la lesión después de la resolución del rash.

Diagnóstico

El diagnóstico es principalmente clínico, basado en la presencia de dolor característico y la erupción cutánea en distribución dermatomal unilateral. En casos atípicos o inmunocomprometidos, puede requerirse confirmación mediante pruebas de laboratorio como la reacción en cadena de la polimerasa (PCR), cultivo viral o inmunofluorescencia directa para detectar el virus. La historia clínica detallada y la exploración física son esenciales para diferenciar el herpes zóster de otras enfermedades cutáneas o neuropáticas. La evaluación oftalmológica es obligatoria en casos sospechosos de afectación ocular.

Tratamiento

El tratamiento debe iniciarse lo antes posible para reducir la severidad y duración de la enfermedad, así como el riesgo de complicaciones. Incluye antivirales orales como aciclovir, valaciclovir o famciclovir que inhiben la replicación viral. Estos medicamentos son más efectivos si se administran dentro de las primeras 72 horas del inicio de la erupción. El control del dolor es fundamental y puede requerir analgésicos, antiinflamatorios, opioides o incluso tratamientos neuromoduladores en neuralgia posherpética. En casos graves o diseminados, se puede necesitar hospitalización y antivirales intravenosos.

Prevención

La prevención del herpes zóster se basa en la vacunación. Existen vacunas específicas contra el virus varicela-zóster para adultos mayores de 50 años y personas con riesgos de inmunosupresión, que reducen la incidencia, gravedad y complicaciones del herpes zóster. La vacuna puede administrarse incluso en personas que han tenido varicela o herpes zóster previos. Además, mantener un sistema inmunológico saludable mediante hábitos de vida adecuados, manejo del estrés y control de enfermedades crónicas también contribuye a la prevención. Evitar el contacto cercano con personas con varicela o herpes zóster en fase activa previene la transmisión del virus a susceptibles.

Factores de riesgo

Los principales factores de riesgo para desarrollar herpes zóster son la edad avanzada, debido a la disminución natural de la inmunidad celular, y el estado de inmunosupresión causado por VIH, tratamientos con quimioterapia, trasplantes de órganos, enfermedades autoinmunes o uso prolongado de corticosteroides. El estrés físico o emocional también es un desencadenante común. Las personas que nunca han tenido varicela son susceptibles a la enfermedad primaria, pero no al herpes zóster. Otros factores incluyen traumatismos locales, enfermedades crónicas como diabetes y antecedentes familiares.

Complicaciones

Las más frecuentes incluyen la neuralgia posherpética, caracterizada por dolor crónico y severo en el área del dermatoma afectado, persistiendo meses o años después de la desaparición de la erupción. La afectación ocular puede causar queratitis, uveítis y pérdida permanente de la visión. En pacientes inmunodeprimidos, el herpes zóster puede diseminarse ampliamente, afectando la piel, pulmones, hígado y cerebro, con riesgo de encefalitis y muerte. Las infecciones bacterianas secundarias de las lesiones cutáneas son comunes, pueden presentarse parálisis nerviosas, problemas auditivos y cicatrices permanentes.

Pronóstico

El pronóstico del herpes zóster es generalmente bueno en adultos sanos cuando se inicia el tratamiento oportuno, con resolución de la erupción en 2 a 4 semanas. Sin embargo, la neuralgia posherpética puede afectar considerablemente la calidad de vida en pacientes mayores. En inmunocomprometidos y casos con complicaciones, el pronóstico es reservado y el riesgo de secuelas permanentes o mortalidad aumenta. La vacunación ha demostrado mejorar significativamente el pronóstico al reducir la incidencia y severidad del herpes zóster y sus complicaciones asociadas. El seguimiento médico adecuado es esencial para el control y seguimiento de posibles complicaciones.

 

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