Artrosis

Artrosis
La osteoartritis o artrosis es la enfermedad degenerativa articular más frecuente, caracterizada por la destrucción del cartílago hialino que recubre las superficies óseas.
Síntomas
Las manifestaciones de la artrosis son muy variadas, progresivas y aparecen dilatadas en el tiempo.
Los síntomas más frecuentes son el dolor articular, la limitación de los movimientos, los crujidos y, en algunas ocasiones, el derrame articular. Además, algunas personas pueden presentar rigidez y deformidad articular.
El síntoma que más preocupa a las personas con artrosis es el dolor. En un primer estadio, éste se desencadena cuando se mueve o se realiza un esfuerzo con la articulación. Este dolor suele cesar con el reposo. Posteriormente, el agravamiento de la artrosis hará que el dolor aparezca tanto con el movimiento, como con el reposo.
Uno de los puntos buenos del dolor artrósico es que no siempre es constante, por lo que los pacientes pueden estar durante largos periodos de tiempo sin padecer dolor, lo cual no significa que la artrosis no siga su evolución.
Causas
Normalmente, el cartílago reduce el grado de fricción de las articulaciones y las protege del desgaste incluso después de años de uso habitual, sobreutilización o traumatismos. La artrosis se produce con mayor frecuencia por un daño tisular. En un intento del organismo por reparar una articulación dañada, se acumulan sustancias químicas en la articulación y aumenta la producción de los componentes del cartílago, como el colágeno (una proteína resistente y fibrosa del tejido conjuntivo) y los proteoglicanos (sustancias que proporcionan elasticidad). A continuación, el cartílago se hincha debido a la retención de líquido, con lo que se ablanda y se producen grietas en su superficie. Se forman pequeñas cavidades en el hueso situado debajo del cartílago, debilitándolo.
El intento de los tejidos de reparar el daño conduce a un nuevo crecimiento de hueso y otros tejidos. El hueso crece excesivamente en los bordes de la articulación, produciendo excrecencias óseas (osteofitos) que se pueden ver y palpar. Por último, la superficie lisa y regular del cartílago se vuelve áspera y porosa, con lo que la articulación ya no puede moverse suavemente y absorber impactos por más tiempo. Todos los componentes de la articulación, es decir, el hueso, la cápsula articular (tejidos que envuelven la mayoría de las articulaciones), la membrana sinovial (tejido que reviste la cavidad articular), los tendones, los ligamentos y el cartílago, presentan varios fallos, con lo que se altera la función articular.
¿Cómo se diagnostica la artrosis?
No existen alteraciones de laboratorio específicas de la artrosis ni marcador alguno que permita hacer un diagnóstico o seguimiento de la enfermedad.
Sin embargo, se están investigando nuevos marcadores de respuesta al tratamiento que probablemente se puedan utilizar en los próximos años. Existe también un test genético que analiza los principales genes asociados a la artrosis avanzada de rodilla y permite instaurar un tratamiento más precoz.
A la exploración física, pueden observarse deformidades articulares, por aumento del componente óseo y capsular y limitación de la movilidad con dolor a la presión, chasquidos y crepitación de la articulación.
El crecimiento de los extremos de los huesos que forman la articulación puede hacer que la articulación se agrande y ensanche.
La radiología en las fases iniciales puede ser normal, aunque lo más típico es observar un estrechamiento de espacio articular asociado a esclerosis subcondral, aparición de osteofitos marginales (prominencias óseas), quistes y anormalidades del contorno óseo.
Tratamientos de la artrosis
El objetivo en el tratamiento es evitar o reducir el dolor y mejorar la movilidad. En este sentido, existen diferentes opciones de tratamiento:
Fisioterapia: Para tratar la artrosis, el especialista médico recomendará al paciente una serie de ejercicios a realizar, adaptados a su situación y capacidades, con ayuda de un fisioterapeuta.
Tratamiento farmacológico: en la mayoría de casos se prescriben antiinflamatorios o analgésicos para reducir la hinchazón y por tanto el dolor. También pueden prescribirse medicamentos condroprotectores, que pueden ralentizar el progreso de la enfermedad.
Tratamiento quirúrgico: la artrosis en estados muy avanzados puede necesitar cirugía protésica.
Factores de riesgo
Los factores que pueden aumentar su riesgo de artrosis incluyen los siguientes:
Edad avanzada. El riesgo de tener artrosis aumenta con la edad.
Sexo. Las mujeres son más propensas a padecer artrosis, aunque no está claro por qué.
Obesidad. Tener sobrepeso contribuye a la artrosis de varias maneras, y mientras más peso tengas, mayor será tu riesgo. Un peso mayor agrega estrés a las articulaciones que soportan peso, como las caderas y las rodillas. Además, el tejido graso produce proteínas que pueden causar inflamación en las articulaciones y alrededor de estas.
Lesiones articulares. Las lesiones, como las que ocurren al practicar deportes o por un accidente, pueden aumentar el riesgo de artrosis. Incluso las lesiones que ocurrieron hace muchos años y que aparentemente ya sanaron pueden aumentar el riesgo de artrosis.
Tensión repetida en la articulación. Si tu trabajo o un deporte que practicas someten a una articulación a un esfuerzo repetitivo, esa articulación podría presentar artrosis con el tiempo.
La genética. Algunas personas heredan la tendencia a desarrollar artrosis.
Deformidades óseas. Algunas personas nacen con articulaciones malformadas o cartílagos defectuosos.
Ciertas enfermedades metabólicas. Estas incluyen diabetes y una afección en la cual su cuerpo tiene demasiado hierro (hemocromatosis).
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