Neumonía

Neumonía
La mayoría de las neumonías se producen cuando hay una debilitación en las defensas naturales de tu cuerpo y permite que los gérmenes invadan y se multipliquen en los pulmones. Para destruir los organismos que atacan tu cuerpo, los glóbulos blancos se acumulan con rapidez. Junto con las bacterias y los hongos, llenan los sacos de aire dentro de tus pulmones (alvéolos). Es posible que se dificulte la respiración. Un signo típico de neumonía bacteriana es la tos que produce esputo espeso sanguinolento o de color verde amarillento con pus.
La neumonía es una infección que inflama los sacos aéreos de uno o ambos pulmones. Los sacos aéreos se pueden llenar de líquido o pus (material purulento), lo que provoca tos con flema o pus, fiebre, escalofríos y dificultad para respirar. Diversos microrganismos, como bacterias, virus y hongos, pueden provocar neumonía.
¿Cuáles son los signos y los síntomas?
Es común que una persona con neumonía comience con algo suave, como tos o dolor de garganta, síntomas que también suelen presentarse en otras infecciones. Pero la neumonía es un poco peor porque la infección baja directo a los pulmones.
Una persona con neumonía podría tener los siguientes síntomas:
fiebre (usualmente una temperatura superior a 101 °F/38,5 °C)
escalofríos
tos
respiración agitada (una persona podría usar la panza o los músculos del cuello para ayudarse a respirar)
resuello o respiración sibilante
dificultad para respirar
dolor de pecho o abdominal
pérdida del apetito
cansancio
vómitos y deshidratación
Cuando la neumonía es provocada por bacterias, la persona suele enfermarse rápidamente, con temperatura elevada y dificultad para respirar. Cuando es provocada por un virus, la enfermedad se presenta más gradualmente y podría ser menos grave.
Los síntomas de la persona pueden ayudar al médico a identificar el tipo de neumonía. La bacteria Mycoplasma pneumoniae, por ejemplo, a menudo provoca dolores de cabeza y de garganta, y sarpullido, además de los síntomas descriptos anteriormente.
Causas
a neumonía es una enfermedad común que afecta a millones de personas en los Estados Unidos todos los años. Pueden causarla microbios llamados bacterias, virus y hongos. En los adultos, las bacterias son la causa más común de neumonía.
Las formas como se puede contraer la neumonía incluyen:
Las bacterias y virus que viven en la nariz, los senos paranasales o la boca pueden propagarse a los pulmones.
Usted puede inhalar algunos de estos microbios directamente hacia los pulmones.
Usted inhala alimento, líquidos, vómitos o secreciones desde la boca hacia los pulmones (neumonía por aspiración).
La neumonía puede ser causada por muchos tipos de microbios.
El tipo más común de bacteria es el Streptococcus pneumoniae (neumococo).
La neumonía atípica, con frecuencia llamada errante, es causada por otras bacterias.
Un hongo, denominado Pneumocystis jiroveci, puede causar neumonía en personas cuyos sistemas inmunitarios no funcionan correctamente, especialmente personas con una infección avanzada por VIH.
Los virus, como el de la gripe también, y recientemente el de la SARS-CoV2 (que causa la COVID-19) son un causas comunes de neumonía.
Transmisión
La neumonía puede propagarse por diversas vías. Los virus y bacterias presentes comúnmente en la nariz o garganta de los niños, pueden infectar los pulmones al inhalarse. También pueden propagarse por vía aérea, en gotículas producidas en tosidos o estornudos. Además, la neumonía puede propagarse por medio de la sangre, sobre todo en el parto y en el período inmediatamente posterior. Se necesita investigar más sobre los diversos agentes patógenos que causan la neumonía y sobre sus modos de transmisión, ya que esta información es fundamental para el tratamiento y la prevención de la enfermedad.
Pruebas médicas para la neumonía
Las personas que puedan padecer neumonía deben someterse a una evaluación médica completa. Para diagnosticar con certeza si el paciente padece neumonía, bronquitis u otra infección respiratoria, es posible que se necesite realizar una radiografía del tórax (pecho) o incluso un tac de tórax.
Dependiendo de la gravedad de la enfermedad, se pueden hacer otros estudios, como:
Conteo sanguíneo completo (CSC).
Exámenes de sangre para identificar la bacteria específica.
Broncoscopia (en pocas ocasiones se necesita).
Tomografía computarizada del tórax.
Medición de los niveles de oxígeno y dióxido de carbono en la sangre (gasometría arterial).
Exudado de nariz o garganta para identificar la bacteria.
Hemocultivo.
Biopsia de pulmón abierto (realizada solamente en casos de enfermedad muy grave cuando el diagnóstico no se puede hacer por otras fuentes).
Cultivo de esputo para identificar la bacteria específica.
Examen de orina para buscar la bacteria Legionella.
Tratamiento
El tratamiento de las neumonías bacterianas es a base de fármacos antibióticos. Hay una diversidad muy importante de antibióticos y la decisión del tipo de antibiótico depende del germen que se sospecha, la gravedad de la neumonía y las características del enfermo.
En la mayoría de los casos, no es necesario buscar el germen causante, salvo que se trate de una neumonía grave o no responda al tratamiento. En estos casos, puede ser necesario realizar técnicas diagnósticas, como cultivo de muestras respiratorias o de sangre, broncoscopia, serología o punción pulmonar.
Si existen factores de gravedad, debe hacerse un ingreso hospitalario e iniciar tratamiento intravenoso con antibióticos y otros medicamentos que puedan requerirse.
¿Cómo se puede prevenir?
Hay pocas medidas para evitar la aparición de una neumonía. Puesto que muchas de ellas comienzan tras un proceso viral o gripal, la vacunación anual antigripal es recomendable en todas aquellas personas con mayor riesgo (mayores de 65 años, enfermedades bronquiales o pulmonares crónicas, enfermedades renales, cardiacas o hepáticas crónicas).
Asimismo la vacunación con vacuna antineumocócica evita la aparición de neumonías con bacteriemia causadas por neumococo. Su uso es recomendable en personas mayores de 65 años o mayores de 2 años con enfermedad cardiovascular o pulmonar crónica, alcoholismo, enfermedad hepática crónica, ausencia de bazo por cirugía o traumatismo, o pérdidas de líquido cefalorraquideo, así como personas con inmunodeficiencias, cáncer generalizado, insuficiencia renal crónica o quienes han recibido un trasplante.
Las personas que padecen asma, bronquitis crónica o bronquiectasias, deben iniciar tratamiento antibiótico precozmente cuando aparecen síntomas de infección respiratoria, pautado por un médico.
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