Chequeo para la prevención de la diabetes

Chequeo para la prevención de la diabetes
Diabetes
La diabetes sacarina o diabetes mellitus (que aquí denominaremos, para simplificar, «diabetes») es una enfermedad crónica que aparece cuando el páncreas no secreta suficiente insulina o cuando el organismo no utiliza eficazmente la insulina que produce. La insulina es una hormona que regula la concentración de glucosa en la sangre, es decir, la glucemia. El efecto de la diabetes no controlada es la hiperglucemia (es decir, la glucemia elevada), que, con el tiempo, daña gravemente muchos órganos y sistemas, sobre todo los nervios y los vasos sanguíneos.
Síntomas
Orina frecuente (poliuria): una persona con diabetes orina con más frecuencia y cantidades mayores.
Sed constante (polidipsia): toma mucha agua debido a que pierde mucho líquido al orinar.
Pérdida de peso: a pesar de comer bien usted pierde peso.
Fatiga y debilidad: se siente cansado debido a que su cuerpo no convierte la glucosa en energía.
Visión borrosa
Mal aliento, náuseas, dolor de estómago frecuente y problemas de respiración.
Tipos de diabetes
La diabetes tipo 1 (diabetes insulinodependiente) solía denominarse diabetes juvenil porque suele aparecer en la infancia. Los pacientes con diabetes tipo 1 tienen que hacer insulinoterapia. Por el momento no existe evidencia de intervenciones que puedan prevenir o retrasar la aparición de la diabetes tipo 1, por eso no se suele recomendar un examen de detección de diabetes tipo 1 como examen de rutina.
La diabetes tipo 2 es la forma más común de diabetes. Como en las primeras etapas no suele presentar síntomas, pueden pasar años antes de que se la diagnostique. Las personas sin diagnóstico y tratamiento para diabetes tipo 2 tienen riesgo de sufrir hiperglucemia crónica. Es una afección relacionada con daño a largo plazo a los ojos, riñones, nervios, corazón y vasos sanguíneos. Con un examen de detección a tiempo se puede ayudar a evitar las complicaciones más graves de la enfermedad. Las personas con diabetes también son más propensas a tener niveles anormales de colesterol, hipertensión y obesidad. Por el momento la diabetes tipo 2 no tiene cura. Sin embargo, sus efectos se pueden mitigar con tratamiento médico, control de peso, nutrición y ejercicio físico.
La diabetes gestacional es una forma de diabetes tipo 2 que se puede desarrollar durante el embarazo. Como los niveles altos de azúcar en la sangre de la madre también afectan la placenta y el bebé, la diabetes gestacional se debe diagnosticar y controlar para proteger el crecimiento y desarrollo del bebé.
Diagnóstico
Con frecuencia, los síntomas de la diabetes tipo 1 aparecen de forma repentina y son la causa de control del nivel de glucosa en la sangre. Dado que los síntomas de otros tipos de diabetes y prediabetes se manifiestan de forma más gradual y no son evidentes, la Asociación Estadounidense para la Diabetes (ADA, por sus siglas en inglés) ha recomendado pautas para la detección. La Asociación Estadounidense para la Diabetes recomienda que se realicen análisis de detección de diabetes en las siguientes personas:
Cualquier persona con un índice de masa corporal superior a 25 (23 para los estadounidenses de origen asiático), independientemente de la edad, que presente factores de riesgo adicionales, como presión arterial alta, niveles anormales de colesterol, un estilo de vida sedentario, antecedentes de síndrome de ovario poliquístico o enfermedad cardíaca, y que tenga un pariente cercano con diabetes.
Se aconseja que cualquier persona mayor de 45 años se realice un examen de detección inicial de glucosa en la sangre, y después, si los resultados son normales, hacer controles cada tres años.
Mujeres que han tenido diabetes gestacional. Se recomienda que se realicen pruebas de detección de diabetes cada tres años.
Cualquier persona que haya sido diagnosticada con prediabetes. Se aconseja que se realicen la prueba todos los años.
Prueba de hemoglobina glucosilada (A1C). Este análisis de sangre, que no requiere ayuno, indica tu nivel de glucosa sanguínea promedio en los últimos dos a tres meses. Mide el porcentaje de glucosa sanguínea unida a la hemoglobina, la proteína que transporta oxígeno en los glóbulos rojos.
Cuantos más altos sean tus niveles de glucosa sanguínea, mayor será la cantidad de hemoglobina con azúcar. Un nivel del 6,5 % o más en dos pruebas de hemoglobina glucosilada separadas indica que tienes diabetes. Un nivel de entre el 5,7 y 6,4 % en esta prueba indica prediabetes. Un nivel por debajo del 5,7 % se considera normal.
Si los resultados de la prueba de hemoglobina glucosilada no son consistentes, la prueba no está disponible o tiene ciertas condiciones que pueden hacer que sea inexacta, por ejemplo, si estás embarazada o tienes una forma poco común de hemoglobina (conocida como una variante de hemoglobina), el médico puede utilizar las siguientes pruebas para diagnosticar la diabetes:
Examen aleatorio de glucosa sanguínea. Se tomará una muestra de sangre en un horario al azar. Independientemente de la última vez que comiste, un nivel de glucosa sanguínea de 200 miligramos por decilitro (mg/dL), es decir, 11,1 milimoles por litro (mmol/L) o más sugiere diabetes.
Examen de glucemia en ayunas. Se tomará una muestra de sangre después de una noche de ayuno. Un nivel de glucosa sanguínea en ayunas menor que 100 mg/dL (5,6 mmol/L) es normal. Un nivel de glucosa sanguínea en ayunas entre 100 y 125 mg/dl (5,6 a 6,9 mmol/l) se considera prediabetes. Si el resultado es 126 mg/dL (7 mmol/L) o más en distintos análisis, tienes diabetes.
Examen de tolerancia oral a la glucosa. Para esta prueba, debes ayunar durante la noche, y se mide el nivel de glucosa sanguínea en ayunas. Luego, debes beber un líquido azucarado, y se mide el nivel de glucosa sanguínea periódicamente durante las siguientes dos horas.
Cómo llevar el control
A veces te resultará difícil mantener la concentración de azúcar en sangre a niveles normales. Pero puedes mantener tu azúcar en sangre dentro de unos márgenes saludables siguiendo estos pasos:
Tomar las pastillas y/o inyectarte insulina según las indicaciones de tu médico.
Seguir tu plan de alimentación.
Hacer ejercicio con regularidad.
Medirte la concentración de azúcar en sangre con frecuencia e introducir cambios en tu plan de control de la diabetes con la ayuda de tu equipo médico.
Visitar a tu médico y al equipo médico que lleva tu diabetes con regularidad.
Aprender cuanto puedas sobre la diabetes.
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